Swaps, preferentes, deuda subordinada, hipoteca multidivisa… Son algunos de los productos tóxicos que las entidades bancarias comercializaron a sus clientes, sin embargo, existen de otros que, pese a no ser tan conocidos, también han generado un importante número de afectados, como son los bonos de la entidad FERGO AISA, comercializados en su día por la entidad Bankpyme.

¿Qué son los bonos FERGO AISA?

Se trata de activos financieros emitidos por una empresa privada, en este caso por la constructora que les da el nombre, con el fin de captar recursos financieros a corto y medio plazo a cambio de generar unos intereses a favor de los compradores, así como la “devolución” del capital prestado.

¿Dónde estaba el riesgo?

El riesgo se encontraba en que el capital depositado por los clientes no se encontraba garantizado, puesto que su devolución, una vez alcanzado su vencimiento, esto es en el año 2011, se encontraba supeditada a las fluctuaciones del mercado, siendo, consecuentemente, un producto de alto riesgo. En otras palabras, los clientes se convertían en inversores de la sociedad emisora de los bonos, por lo que la devolución del capital quedaba condicionada a la solvencia de la empresa, circunstancia que no fue puesta de manifiesto a los clientes.

¿Por qué los clientes no recuperaron su dinero?

Como anteriormente se ha dicho, la devolución del capital invertido se encontraba condicionada a las fluctuaciones del mercado y, en consonancia, a la solvencia de la entidad emisora, la constructora FERGO AISA.

En el momento de vencimiento de los bonos, la empresa se encontraba en concurso de acreedores, por lo que la devolución del capitalno se produjo y los clientes perdieron los ahorros depositados en este producto.

¿Qué papel juega la entidad bancaria?

Bankpime era la entidad bancaria que ofrecía este producto a sus clientes, siendo la encargada de su comercialización y custodia. No se trataba de un simple producto bancario, sino que era un producto de inversión y, a su vez, de alto riesgo, ya que no se garantizaba la recuperación íntegra del capital prestado.

La entidad bancaria, al ser la encargada de su comercialización, debía haber explicado a los clientes las verdaderas características del producto, con una información clara de sus efectos, informando especialmente de los riesgos inherentes a la inversión.

En el momento de su comercialización, esto es en el año 2006, la normativa MIFID no se encontraba en vigor, por lo que la entidad bancaria no estaba obligada a realizar los exámenes de conveniencia e idoneidad a los clientes, sin embargo, sí que estaba obligada a proporcionar una información veraz y, a su vez, a cerciorarse de que el cliente en cuestión conocía y comprendía los riesgos de la inversión.

Bankpime, en la mayoría de casos, no explicaba a sus clientes las verdaderas consecuencias de invertir en este tipo de producto, creyendo éstos que lo que estaban contratando era un producto de depósito o imposición a plazo que no comportaba riesgo de pérdida del capital. Por tanto, resulta evidente que Bankpime omitió sus deberes de diligencia e información, por lo que resulta ser directamente responsable de los daños y perjuicios ocasionados a sus clientes.

¿Por qué Bankpime no explicó la verdadera naturaleza del producto?

El banco de la pequeña y mediana empresa, Bankpime, estaba integrada principalmente por tres accionistas, siendo uno de ellos AGRUPACIÓ MUTUA. La empresa privada emisora de los bonos, la constructora FERGO AISA, era una filial de dicho accionista, por lo que los intereses económicos de ambas estaban plenamente vinculados. Con la emisión de los bonos y, ante la vinculación de las sociedades, se pretendía una rápida refinanciación, con unas condiciones económicas más ventajosas.

En esta vinculación probablemente se encuentre el motivo por el que Bankpime no informó a sus clientes de las verdaderas características del producto, pues de haber actuado con la diligencia debida, muy difícilmente hubiese podido colocar dicho producto de inversión entre sus clientes.

Bankpimeya no existe, ¿ya no se puede reclamar?

Por supuesto que sí. Bankpime fue absorbida en el año 2011 por Caixabank, que adquirió la totalidad de su negocio bancario, así como la gestión de los fondos de inversión. Consecuentemente, tras dicho procedimiento de absorción, los clientes afectados por los bonos FERGO AISApueden dirigir sus acciones contra Caixabank.

Hasta el momento, Caixabank se había negado a devolver a los pequeños inversores el capital invertido alegando una falta de legitimación pasiva, sin embargo, muchas son las sentencias de las Audiencias Provinciales, incluso del Tribunal Supremo, en las que se condena a dicha entidad a la devolución del capital invertido al haber adquirido el negocio jurídico de la ya extinguida Bankpime.

¿Qué acciones se pueden ejercitar?

Nos encontramos ante un consentimiento prestado por error, ya que la información proporcionada por los empleados de Bankpime en absoluto se corresponde con la verdadera naturaleza del producto, por lo que se puede solicitar la declaración de nulidad de la operación por este motivo, así como la resolución del contrato por incumplimiento de la entidad bancaria.

A fecha de hoy, existe numerosa jurisprudencia que da la razón a los clientes, condenando a la entidad bancaria, Caixabank, a la devolución íntegra del capital prestado, así como los intereses legales devengados desde el momento de la inversión. Los bonos FERGO AISA no son más que otro de los múltiples productos tóxicos comercializados por las entidades bancarias, por lo que, si es poseedor de este tipo de títulos, puede emprender acciones legales para la recuperación de las cantidades invertidas. El equipo de COLORADO & DE ROA ha interpuesto numerosas demandas judiciales en reclamación por la comercialización de bonos de FERGO AISA, con resultados satisfactorios para los clientes.

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